sábado, 8 de septiembre de 2012

Crecimiento sin desarrollo Chile 1810 – 2010



Cristián Arturo Ducoing Ruiz[1]
Resumen
En 200 años, Chile ha tenido la posibilidad cierta de acercarse al desarrollo, incluso alcanzarlo. No obstante, la estructura socioeconómica no ha sido trastocada, y más allá de la constante crítica a la dependencia en los recursos naturales, la verdadera piedra de tope para lograr el ansiado desarrollo económico del país, radica en la incapacidad de alcanzar consensos sociales de progreso. Los que han existido, se caracterizan por favorecer a las elites, la concentración económica y las actividades rentistas.

Palabras clave: Historia Económica, Chile, Desarrollo Económico, largo plazo.

1.     Introducción

¿Qué es el desarrollo económico? Sin lugar a dudas que es distinto al crecimiento, pero sin esta última variable es imposible en el largo plazo. Lo que realmente define al desarrollo es el tipo de crecimiento; quienes se benefician, los costos asociados, las eficiencias, las economías de escala y la sustentabilidad en el largo plazo. Por tanto, alcanzar el desarrollo económico significa lograr un crecimiento inclusivo, que favorezca a todos los habitantes del país, promueva la equidad y que pueda ser mantenido en el tiempo.
Chile ha querido disfrutar de los beneficios del desarrollo, pero ha chocado incesantemente con fracasos, determinados por crecimientos acelerados, pero no sustentables, que han finalizado con crisis socioeconómicas de largo alcance, como la sucedida a mediados de década de 1870, los efectos de la gran depresión de 1929 - 1932 y la llamada crisis de la deuda. Estos quiebres han provocado frustraciones generacionales y complejo país que se mantienen en el tiempo. La obra de Aníbal Pinto Santa Cruz, “Chile un caso de desarrollo frustrado” sigue teniendo una vigencia singular en los discursos e imágenes sobre el devenir económico del país. ¿Qué es lo que se frustró? ¿Qué es lo que no se alcanzó?
Para muchos investigadores de la historia económica de Chile, las respuestas a las frustraciones del desarrollo son la carencia de la industrialización[2], para otros, la enfermedad holandesa que provocó el salitre[3] y el desperdicio de sus recursos naturales, varios concuerdan que es la construcción de una sociedad inequitativa y poco solidaria[4]. La historia económica reciente ha demostrado que estas tres frustraciones chilenas están interrelacionadas; la enfermedad holandesa provoca la desindustrialización y los países o regiones enfocadas a la extracción de sus recursos naturales son en su gran mayoría, desiguales.
El presente trabajo se propone encauzar la discusión por medio de la siguiente  estructura. En primer lugar, la introducción, en segundo lugar, un análisis del modelo de crecimiento de la República independiente hasta la crisis de mediados de la década del setenta. El tercer punto aborda las implicancias del proceso de crecimiento mono exportador basado en el salitre. En cuarto lugar, se elabora un análisis de la estructura económica amparada por el Estado. En el quinto punto se caracteriza y critica el modelo actual de crecimiento exportador. El punto seis resume las primeras conclusiones del trabajo.


Gráfico Nº1
PIB per cápita 1820 – 2006
Dólares de 1993.



Fuente: Maddison (2006)[5].

2.     La independencia y el crecimiento estancado 1810 – 1873

Chile se independizó en términos políticos de la corona española en 1818 y no logró expulsar definitivamente a los últimos remanentes de la fuerza realista hasta 1826. Pese a los efectos económicos algo exagerados que se le han otorgado a la guerra de independencia, hacia 1830, el país se había insertado en los mercados mundiales y seguía siendo un actor en el comercio regional de trigo, gracias a su relación con Perú[6]. La economía se sustentaba en el incipiente mercado del cobre, en la región conocida como el Norte Chico[7], el mercado de la plata y la explotación agrícola, donde el principal órgano productor lo constituía la Hacienda.
El régimen fiscal se basaba en los tributos sobre el comercio exterior, especialmente sobre los productos importados, estableciendo un proteccionismo formal, que ayudó a la creación de manufacturas en el país, no así, una industria formal. El auge económico estuvo ligado a la introducción del Ferrocarril, que acortó las distancias y abarató los costes de transporte para la exportación de los recursos minerales del país. La integración de mercados permitió la difusión de tecnologías, precios e ideas a lo largo del país, estableciendo las bases de un crecimiento sustentable en el tiempo. Pese a que la historiografía liberal y marxista se unen en criticar a los gobiernos de los decenios (Bulnes, Montt y Prieto[8]), tildándolos de conservadores y cavernarios, una serie de obras de progreso y crecimiento fueron desarrolladas en esta época y Chile, siendo uno de los pocos países independientes del mundo, se consolidó como uno estable y en Estado de Derecho. No obstante, esta base descansaba sobre cimientos muy frágiles, como lo eran la estabilidad comercial y una continua demanda de los productos principales producidos. Esta situación varió completamente con la crisis capitalista mundial de la década de 1870, que disminuyó en gran medida la demanda de cobre, junto con la competencia de Estados Unidos en la producción de este producto y la consolidación de Argentina como un fuerte competidor en el mercado mundial del trigo. Hacia 1874, la situación de Chile era sumamente débil en el plano económico y amenazaba con socavar las instituciones y el entramado social. 

3.     Las crisis capitalistas y el modelo mono exportador 1874 – 1929

Previo a la apertura de hostilidades de la guerra del nitrato[9], el empresariado chileno había realizado una serie de inversiones en territorio boliviano, dada la existencia de una serie de yacimiento de salitre, en demanda creciente en los mercados mundiales debido a su importancia para la agricultura y la fabricación de armamento. La Guerra, ganada por Chile significó la apropiación de un extenso territorio de antigua pertenencia a Bolivia y el Perú. Por sobre el territorio, la importancia estaba determinada por convertirse en el monopolio de hecho del salitre, aunque en una medida que aún tiene difícil explicación económica, el Estado reconoció la propiedad anterior de las oficinas salitreras, y entregó a los especuladores la propiedad de una de las mayores riquezas mineras de la historia[10]. No obstante, pese a esta renuncia, el volumen de exportación de salitre significó un cambio diametral en la estructura económica del país y en la política fiscal; Por un lado, la entrada de capitales extranjeros a la economía se dirigió casi exclusivamente a los nitratos y el Estado pasó a ser financiado en gran parte a través del impuesto sobre el quintal de salitre exportado, alcanzando un peak de 55% del total de las entradas del Estado en 1900[11]. Estos cambios de estructura económica afectaron la conformación social del país, generando masas de inmigrantes hacia el norte, en búsqueda de empleos mejor pagados que los salarios agrícolas; estos salarios eran más altos, pero el poder de mercado de los dueños de las oficinas salitreras le permitía instalar sus propias tiendas de comercio al interior de las oficinas, que vendían a precios mucho más altos que los podrían haberse conseguido en un mercado competitivo. Buena parte de las reivindicaciones de los obreros salitreros de la época estaban relacionadas con el derecho al pago en metálico por sobre las fichas de intercambio para las pulperías[12].
Es indudable que el salitre fue un beneficio para el país, como también es indudable que su utilización y el tipo de explotación de esta riqueza no fue la más adecuada. Al basar el régimen fiscal en un solo tipo de explotación, con precio variable y expuesto a las vicisitudes del mercado internacional, el país quedó expuesto a un cambio repentino en la oferta o la aparición de competidores. Ambas situaciones ocurrieron. Además, el régimen tributario interno se relajó, y al terminar el ciclo salitrero, se hizo sumamente difícil imponer un régimen tributario progresivo. El Estado, de un poder y tamaño forjado en base una renta permanente, se vio de un momento a otro desfinanciado y sin capacidad de sostener el proceso de obras públicas y medidas sociales mínimas. El sistema se vio trastocado con un primer golpe, que significó la Gran Guerra (1914 – 1918), cortando los mercados de exportación de salitre y disminuyendo la importación de materias primas básicas para la gran mayoría de los sectores; además, el salitre sintético se impone en el mercado, y al finalizar el conflicto bélico, la cuota de mercado había disminuido inexorablemente. Para 1920, Chile se enfrentaba nuevamente a una crisis, marcada por el agotamiento del modelo de crecimiento y la efervescencia social. Las elecciones de 1920 le dieron el poder al programa populista de Alessandri, quien sentó las bases del modelo de desarrollo que regiría a Chile por más de 40 años.

4.     El modelo de crecimiento sostenido en el Estado. Características y limitaciones 1930 – 1973.

Los inicios del modelo estatal de desarrollo, comúnmente llamado ISI (industrialización por sustitución de importaciones), no se inicia en 1938, si no que tiene sus raíces en el primer gobierno de Alessandri y en la dictadura de Ibañez. Lo que hicieron los gobiernos radicales (1938 – 1952) fue formalizar las instancias de “dirigismo” creadas por los gobiernos predecesores, estableciendo la CORFO y su serie de ramas productivas.
El modelo, pensando en respuesta a la experiencia histórica, que había demostrado a primera vista que el crecimiento basado en el comercio internacional era sumamente inestable y solía terminar en un quiebre abrupto, tomaba en cuenta que el país carecía de una base industrial, cimiento del desarrollo en los países líderes de entonces. Por otro lado, la opción del Estado era la  decisión de la inmensa mayoría de los países latinoamericanos, prospectos refrendados en la CEPAL[13], referente obligado en cuanto a políticas económica de desarrollo.
El modelo ISI es bastante simple en su concepto y lo constituyen tres puntos; una protección desmedida de la producción interna, por medio de tarifas elevadas a la producción manufacturada que ingresara al país. Apoyo estatal a la producción manufacturera, que tendiera a reemplazar las importaciones; y un régimen cambiario de múltiples tipos, para favorecer el ingreso de bienes imprescindibles para el funcionamiento de la industria y desincentivar el ingreso de los productos manufacturados competidores de la industria nacional. El primer gran talón de Aquiles del modelo ISI, especialmente en mercados pequeños como el chileno, es la incapacidad de tener un mercado interno lo suficientemente grande para absorber la oferta de productos manufacturados[14]; la respuesta lógica lo significaría la exportación, pero la industria creada es poco competitiva y de baja integración con los mercados aledaños (Sudamérica).
No obstante, el modelo funcionó relativamente bien hasta mediados de la década de 1960, manteniendo tasas de crecimiento constante y beneficiándose de la industria del cobre. Esto no podía ser una constante. Una de las mayores críticas que se le debe hacer al periodo ISI, es que la planificación ideada para llevar a cabo la industrialización del país, estaba obsoleta y no recogía muchos de los puntos ideados por los ideólogos de la CEPAL[15]. Entre ellos, el principal, que el crecimiento era desde dentro, no crecimiento hacia dentro. ¿Qué significaba esto? Que los países latinoamericanos debían construir una base industrial, por medio de la protección en sus inicios (industria infantil) y luego debían proyectar las manufacturas hacia el comercio internacional, aprovechando el crecimiento de mercados emergentes y/o con mayor poder adquisitivo, de esta forma, eludiendo las mordazas que imponían los mercados latinoamericanos, caracterizados en ese entonces por volúmenes pequeños y limitaciones impuestas por la pirámide demográfica y la estructura salarial.
La solución generada por las distintas fuerzas políticas al agotamiento del modelo fue catastrófica; por un lado la radicalización del proceso de la Unidad Popular, no fue capaz de mantener la tasa excepcional de crecimiento de 1971 (8,3%) y una política económica errada en el corto plazo, unida a la intervención internacional y la oposición de las elites internas, terminaron por socavar la experiencia. Se instaló un gobierno militar, que impuso un modelo neoliberal inédito en Chile y el mundo. 

5.     El modelo de exportación dependiente y sus limitaciones a largo plazo 1974 – 2010.

La junta militar de gobierno no impuso inmediatamente el modelo neoliberal como se cree comúnmente; Por lo general los gobiernos militares tienen preferencia por el intervencionismo estatal, dada las enseñanzas estratégicas de los ejércitos, no obstante, previo al golpe se estaban creando las instancias de debate sobre la necesidad de un nuevo modelo de crecimiento, basado en el libre mercado y el fin del intervencionismo estatal. En un documento conocido como el ladrillo[16], la clase empresarial chilena, nuevamente equivocada con respecto a las condiciones estructurales del país y el concepto de desarrollo, decide poner en práctica un experimento de ultraliberalización de la economía, reduciendo aranceles, subsidios y todos los instrumentos anteriores creados para fortalecer la industria. El shock tuvo efectos desastrosos en los primeros años de aplicación, con una caída del PIB del 15% en 1975. El periodo de 1976 – 1981 dio la aparente visión de un crecimiento sostenido, con tasas sobre el 8% del producto de crecimiento, pero todas sus debilidades se hicieron patentes con la crisis de la deuda de 1982, donde el producto interno bruto cayó durante dos años consecutivos, un -13,6% en 1982 y un -2,8% en 1983. Aunque se replanteó gran parte de las condiciones del modelo neoliberal, especialmente la creación de salvaguardias y bandas de precios, para fortalecer los sectores más vulnerables a la competencia internacional, los principios fundamentales quedaron establecidos a posteriori y el cambio de gobierno, con la asunción de los gobiernos de la Concertación no cambiaron los preceptos fundamentales del neoliberalismo implantado por la Dictadura Militar. Los cambios de la Concertación, principalmente tienen relación con la política social, la cual pese a continuar siendo asistencialistas, han logrado focalizar el gasto social en los sectores de menores ingresos reduciendo paulatinamente la desigualdad, pero que sigue manteniendo a Chile dentro de los 20 países más desiguales del mundo, con respecto a la medición del Índice Gini. 
El crecimiento económico de 1985 – 1998[17], pese a ser alto y sobre el promedio histórico de Chile, no alcanzó para paliar las débiles tasas de crecimiento de las décadas anteriores y principalmente, es muy largo el camino para recuperar la década pérdida de 1975 – 1985. Por lo demás, la crisis asiática de 1998 desvirtuó esta senda de crecimiento y se ralentizaron las tasas, disminuyendo la convergencia que había llevado Chile con respecto a los países desarrollados. Por otra parte, mostró en toda su magnitud la falta de competitividad de Chile en ambientes adversos, junto con la carencia de un mercado interno sólido que pueda absorber las dificultades  producidas en los mercados internacionales. Otro de los problemas que ha generado el modelo neoliberal es la excesiva concentración económica, disminuyendo la capacidad de creación de emprendimientos de los sectores populares, y generando una excesiva proletarización de la población. Pese a que se ha hablado de que no existe desempleo estructural en Chile, desde la crisis de 1998 que el desempleo no baja del 7% y en zonas como Valparaíso, difícilmente disminuye de los dos dígitos.
El exitismo sobre el modelo chileno esconde una gran cantidad de limitaciones y riesgos, entre ellos, la excesiva dependencia del comportamiento del precio del cobre, el alto endeudamiento de los hogares, una desigualdad del ingreso vergonzosa y la baja diversificación de las exportaciones (relacionado con el crecimiento de los envíos minerales desde el alza sostenida del precio del cobre desde 2004).

TABLA Nº 1
Índice GINI[18] en países seleccionados
País
1985
1995
2005
Argentina
44,5
48,58
50
Brasil
59
59,2
56,4
Chile
56,4
55,06
52
Nueva Zelandia
-
36,17
-
Suecia
-
-
25**
Estados Unidos
-
-
40,81**
Corea del Sur
-
31,59*
-
Fuente: Banco Mundial (2011). *1998, **2000

6.     Conclusiones

Para tener una imagen de largo plazo consistente con la real situación de Chile en el presente y en el pasado, hay que tener en mente el comportamiento económico de países similares a Chile en ingreso y estructura en periodos pretéritos, para estimar si las trayectorias han sido disímiles y que es lo que podría haber sucedido con distintas decisiones. Como se puede apreciar en el Gráfico Nº1, Chile en 1890 tenía un PIB per cápita similar al de Suecia; 120 años después, el país Escandinavo supera en cerca de 30 mil dólares el PIB per cápita de Chile[19]. Por otro lado, Chile ha superado a países que estaban por delante de él, como Argentina, pero la situación del país trasandino es estudiada a nivel mundial como un caso excepcional de fracaso en camino al desarrollo. Pese a que Chile ha sido ejemplificado como un modelo a seguir por las economías emergentes, hay países que partiendo de situaciones más complejas en términos socioeconómicos, han logrado mejores resultados en el mediano y largo plazo, como es la República de Korea, que se ha convertido en una potencia industrial, con un bajo índice de desigualdad, pese a haber sufrido la invasión japonesa durante la Segunda Guerra Mundial e inmediatamente después, una catastrófica guerra civil.
Chile sigue siendo una economía de mediano ingreso dependiente de la exportación de sus recursos naturales. El mercado no se ha diversificado y las condiciones de los pequeños y medianos productores son de constante desequilibrio frente a las grandes compañías, la tasa de bancarización aún no alcanza los niveles de los países desarrollados y los resultados de los test internacionales de educación muestran que la capacidades de los estudiantes chilenos no se condice con el nivel de ingreso aparente.
Es factible decir que en 200 años Chile ha logrado crecimiento, no obstante, esto no se ha traducido en el desarrollo económico. También es factible afirmar que no llegará al desarrollo si no se genera un  crecimiento sustentable y una distribución equitativa entre las fuerzas productivas del país, especialmente aumentando la retribución al trabajo y disminuyendo las barreras de entrada a los emprendimientos de pequeños y medianos empresarios.



[1]  Cristián Arturo Ducoing Ruiz: Doctor en Historia Económica de la Universitat de Barcelona. Profesor de Historia Económica de Chile en FLACSO Chile y Profesor  Visitante en la Universitat Pompeu Fabra, Barcelona. cristian.ducoing@upf.edu
[2] Ortega, Luis. Chile en ruta al Capitalismo. Cambio, euforia y depresión 1850 – 1880. LOM, DIBAM. 2005. pp. 288 – 306 y Salazar, Gabriel Mercaderes, Empresarios Y Capitalistas. Chile Siglo XIX, Editorial Sudamericana, 2009. Un visión similar, pero referida al término abrupto de la Industrialización alentada por el Estado en Ffrench Davis et. al. “The industrialization of Chile during Protectionism, 1940 – 1982” en An Economic History of twentieth century Latin America VOL III. Editado por Rosemary Thorp, Jose Antonio Ocampo y Enrique Cárdenas. Palgrave, 2000.  pp. 114 – 153.
[3]La enfermedad holandesa se refiere a la relación existente entre un aumento de la demanda de los recursos naturales de un país y una disminución de la competitividad de su industria, debido a la apreciación de la moneda.  Palma argumenta que el Estado trató de combatirla durante el ciclo salitrero.  Palma, Gabriel. G. Palma, ‘Trying to ‘Tax and Spend’ Oneself out of the ‘Dutch Disease’: The Chilean Economy from the War of the Pacific to the Great Depression’ en E. Cárdenas, J. A. Ocampo, and R. Thorp (eds.) An Economic History of Twentieth-Century Latin America, vol.1 Palgrave, 2000. p. 227.
[4] Gabriel Salazar, Labradores, peones y proletarios: formación y crisis de la sociedad popular chilena del siglo XIX. Santiago: Ediciones LOM, 2000.
[6] Esta misma visión exagerada y nacionalista, pretende dar una imagen de un país sumido en la pobreza bajo el régimen español. Ciertos datos económicos de la historia colonial permiten tener una aproximación al nivel de vida durante el periodo 1780 – 1818. En 1780, la población oscilaba entre los 680 mil y los 720 mil habitantes, estimando la población indígena al sur del río Bío – Bío. Las Estimaciones de PIB realizadas por Díaz et. al.[6] solo llegan hasta 1820, pero haciendo la regresión correspondiente de crecimiento[6], podemos estimar el PIB pér cápita de la Capitanía General de Chile en 1780 debe haber rondado los 590 dólares[6]. En comparación a otros países en la misma época, y con los mismos arcaicos métodos de estimación, La región que hoy conocemos como Chile, se situaba en la escala de “mediano ingreso”.
[7] El término, Norte Chico no se corresponde con la realidad económica de la zona y la importancia para el país en el siglo XIX. Se ha comenzado a utilizar el título Macrorregión minera por parte de los especialistas en historia económica minera de la zona. Méndez Beltrán, Luz María.  La exportación minera en Chile 1800-1840. Un estudio de historia económica y social en la transición de la Colonia a la República, Chile, Editorial Universitaria, 2004.
[8] Este último gobierno puede ser considerado “liberal”.
[9] Antes, llamada “Guerra del Pacífico”. La existencia de un interés mucho mayor en el nitrato que otra razón específica, hace perentorio cambiar el nombre  a este conflicto.
[10] “Chile tenía entonces que establecer si se haría cargo del monopolio, y en caso contrario, su actitud respecto de las oficinas, los bonos y los certificados. La primera comisión del salitre que elaboró los antecedentes de la ley 45 dictada el 1º de octubre de 1880, se manifestó absolutamente contraria al monopolio estatal. En lugar de este sistema peligroso y absorbente, es de esperar que Chile acate y mantenga la primera de las reglas de la buena economía política, que condena toda intervención gubernativa en los dominios especiales de la industria. Esta ley involucraba la devolución de las oficinas salitreras a sus dueños, lo que habría de desatar una colosal especulación con los bonos y títulos. Ante la inminencia de la derrota peruana y la escasa esperanza que los ex-propietarios y tenedores de bonos tenían de recuperar sus propiedades o ser indemnizados por el vencedor, el precio de los bonos y certificados había caído verticalmente. Numerosos especuladores entraron en juego, y uno en particular, John Thomas North, se convertiría en el rey del salitre”. Cariola, Carmen y Sunkel, Osvaldo. Un Siglo de Historia Económica. Chile 1830 – 1930. Editorial Universitaria, 1982. pp. 45 – 46.
[11] José Díaz; Rolf Lüders; Gert Wagner “Economía Chilena 1810-2000: Producto Total y Sectorial. Una Nueva Mirada”. Documento de Trabajo IE-PUC, Nº 315, 2007.
[12] La pulpería, es una tienda al interior de la Oficina Salitrera, que distribuye productos de primera necesidad y bienes de consumo durables entre los empleados de la Salitrera. El pago es con fichas, la moneda de cambio al interior de la Oficina. Sus precios, son bastante más elevados a los de un mercado competitivo.
[13] Comisión Económica para América Latina y el Caribe.
[14] No es casualidad que los mejores resultados de la ISI estén radicados en Brazil y México. Bulmer- Thomas, Victor. The Economic History of Latin America since IndependenceCambridge University Press, 1994. 
[15]Raúl Prebisch, Anibal Pinto y Celso Furtado.
[16] CEP Chile. El Ladrillo, Bases de la política económica del Gobierno Militar Chileno. Ediciones del Centro de Estudios Públicos, Santiago, 1992.
[17] La tasa de crecimiento del PIB per cápita de 1985 – 1998 fue de un 5,2%.
[18] El Coeficiente de Gini es un índice de la desigualdad creada por Corrado Gini. Se utiliza para medir la desigualdad en los ingresos. El coeficiente de Gini es un número entre 0 y 1, en donde 0 significa perfecta igualdad (todos tienen los mismos ingresos) y 1 es completa desigualdad (una persona concentra todos los ingresos y los demás ninguno). El índice se presenta en porcentajes.
[19] El PIB per cápita de Chile en 2009 fue de 9.644 dólares y el de Suecia de 43,654. Datos del Banco Mundial (2011). http://data.worldbank.org/indicator/NY.GDP.PCAP.CD/countries